La Escuela en el Bosque
Niños tapatíos aprenden ciencias naturales de una manera inolvidable
Por John Pint
El aprendizaje no ocurre cuando los maestros simplemente les dictan conocimientos a sus alumnos. Lo verdaderamente extraordinario sucede cuando ponen a los estudiantes en contacto directo con aquello que necesitan aprender.
Por fortuna, eso es precisamente lo que el profesor de ciencias naturales Jesús “Chuy” Moreno ha venido haciendo desde hace más de treinta años con sus Cursos de Verano.
Cuando no está dando clases, Moreno trabaja como fotógrafo profesional de naturaleza. Siempre anda por ahí, cámara en mano, retratando animales, flores y aves. Cuando le pregunté cómo había conseguido una fotografía particularmente hermosa de un zambullidor de Clark (Aechmophorus clarkii), me explicó la técnica que lleva años perfeccionando.
Se levanta a las cuatro de la mañana, maneja hasta su lago favorito y se mete al agua con un traje de neopreno. Después se sumerge e introduce la cabeza en un hydrohide: una pequeña plataforma flotante camuflada donde monta su cámara. Una vez colocado en el sitio que considera ideal, empieza a esperar…
Primero espera a que salga el sol. Luego espera a que se disipe la neblina. Después espera a que aparezca el ave indicada, justo en el lugar preciso frente a su cámara… y entonces, finalmente, toma la fotografía, “exactamente a la altura de los ojos del ave”.
Le comenté que quizá algunas personas preferirían el suplicio del submarino (waterboarding) antes que pasar horas y horas metidas hasta el cuello en un lago frío, escondidas bajo un hydrohide. Moreno sonrió y reconoció que, hasta donde él sabe, hoy en día no hay otro fotógrafo en México que trabaje de esa manera. ¡Piénselo la próxima vez que admire una espectacular fotografía de un ave acuática tomada a la altura de sus ojos!
Los cursos de verano de Moreno suelen realizarse durante julio y duran dos semanas.
Con curiosidad por conocer esta escuela en el bosque, un día de verano me reuní con Moreno en un amplio claro de La Primavera, el extenso bosque situado al poniente de Guadalajara. Ahí había más de 70 niños sentados sobre una alfombra de agujas de pino, distribuidos en pequeños grupos y completamente concentrados en… las sombras que proyectaban unos palitos clavados verticalmente en el suelo.
—¿Qué están haciendo? —le pregunté a una de las niñas.
—Chuy nos enseñó a hacer relojes de sol —me respondió—. Y ahora estamos en un concurso para ver quién construye el más preciso. Tenemos que marcar con mucha exactitud la posición de la sombra.
—Y también estamos aprendiendo a usar el reloj de sol para encontrar el norte —añadió otra niña.
—Muy bien. ¿Qué más aprendieron esta semana?
—Aprendimos los nombres de muchas plantas y también hicimos un concurso para ver quién construía el refugio más resistente usando ramas y matorrales.
—La semana pasada hubo unas tormentas muy fuertes —les dije—. ¿Su refugio las protegió de la lluvia?
—Bueno... no mucho —confesó una de ellas entre risas—. Pero no me importó porque la lluvia estaba padrísima.
Después me puse a platicar con Andrea Borrayo, una de las varias personas adultas que ayudan a Moreno a coordinar esta escuela en el bosque. Me contó que asiste a estos cursos desde que tenía diez años.
—Y ahora tengo 35 —dijo.
Difícil encontrar a alguien mejor para hablar de los resultados de este programa.
—Esta es mi historia. Cuando era niña vivía en la Ciudad de México. Me la pasaba viendo televisión y haciendo lo que hacen muchos niños de ciudad... y no sabía absolutamente nada de la naturaleza. Pero me mudé a Guadalajara y empecé a venir al bosque con Chuy Moreno. Coleccionábamos mariposas, cruzábamos barrancas profundas y aprendíamos muchísimo sobre la naturaleza. Eso cambió por completo mis gustos.
»Gracias a esa experiencia terminé estudiando Agronomía. Cuando llegué por primera vez a estos cursos no tenía un rumbo claro en la vida, y ahora soy maestra de Biología. Por eso puedo decir, sin duda alguna, que hay una enorme diferencia entre aprender en un salón con un libro y salir al bosque a vivir las cosas en carne propia. Lo que aprendes en contacto con la naturaleza se queda contigo; son esas experiencias las que terminan siendo realmente importantes.
Borrayo añadió que muchas de las mejores lecciones surgen de acontecimientos totalmente inesperados.
—Ayer encontramos una lagartija junto a sus huevos. Los niños hicieron dibujos y hablamos mucho sobre cuál sería la mejor manera de protegerlos, porque estaban en un lugar muy expuesto. Experiencias no planeadas como esa suelen ser las más significativas y enriquecedoras. De hecho, varios niños se llevaron un huevo a casa para cuidarlo, observar qué sucedía y registrar todo lo que fueran descubriendo.
Cada mañana, bajo la sombra de un enorme encino, Chuy Moreno repasa las reglas para pasar un día en el bosque. Basta escucharlo unos minutos para darse cuenta del tipo de experiencia que viven los niños.
—Caminen siempre por el sendero por donde voy yo —les dice—. Después del gran incendio forestal de hace unos meses, apenas están brotando nuevas plantitas y hongos, así que no queremos pisarlos.
»El animal que representa mayor peligro para ustedes es el alacrán. Por eso la regla número uno es nunca meter la mano donde no puedan verla, por ejemplo en un montón de hojas secas. Y si se suben a un árbol, también fíjense muy bien dónde ponen las manos, porque a los alacranes también les gusta trepar.
»En cuanto a las serpientes, en los últimos días hemos visto muchas, aunque hasta ahora ninguna de cascabel. Si hoy encontramos una, llámenme antes de tocarla. Varios de ustedes ya son muy buenos para identificarlas, pero a veces no se parecen exactamente a las fotografías de las guías de campo...
Mientras caminaba por el bosque siguiendo a Moreno y al grupo de niños, entablé conversación con uno de los adultos.
—¿Es usted uno de los asistentes de Chuy? —le pregunté.
—No. Estoy aquí como papá, acompañando a una de mis hijas. Pero hace veinte años yo era uno de esos niños y puedo decirle que caminar por el bosque con Chuy era... y sigue siendo... una experiencia extraordinaria. Nos explica todo lo que vamos viendo y siempre lo hace con un gran sentido del humor.
»Soy arquitecto, pero creo que aprendí más caminando por el bosque con Chuy que en la universidad. De hecho, diría que la mitad de los compañeros de mi generación terminaron estudiando Biología gracias a él.
»Con el paso de los años también he conocido a muchos biólogos e investigadores en ciencias naturales que me han contado exactamente lo mismo: eligieron su profesión debido a los cursos de verano de Chuy. Por eso, en mi opinión, ¡la Universidad de Guadalajara debería levantarle un monumento!
Si le gusta la fotografía de naturaleza, visite el sitio web de Chuy Moreno.

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